sábado, 17 de diciembre de 2022

LA VIDA.

 LA VIDA

La vida es un proceso cuya principal finalidad es crecer, madurar y evolucionar como personas, aprendiendo a ser felices por nosotros mismos, de manera que sepamos cómo amar a los demás y a la vida tal como es.
No hemos venido a este mundo a ganar dinero, ni tampoco a proyectar una imagen del agrado de los demás, logrando éxito y reconocimiento. Nuestra existencia como personas tampoco está orientada a comprar, poseer y acumular cosas que no necesitamos y ni mucho menos a evadirnos constantemente de nosotros mismos. Y entonces, ¿Para qué vivimos? Aunque cada uno está llamado a encontrar su propia respuesta como un continuo proceso de aprendizaje, de ahí que en un principio no vivamos de forma responsable, libre, madura y consciente. Todas estas cualidades y capacidades están latentes en nuestro interior y así siguen hasta que las desarrollamos a través de la comprensión. No en vano, adoptar una postura frente a nuestras circunstancias nos impide aprender y desplegar todo nuestro potencial, sólo en la medida que padecemos una crisis empezamos a cuestionar nuestro sistema de creencias, modificando a su vez nuestra escala de valores, prioridades y aspiraciones. Es entonces cuando decidimos que lo más importante es «aprender a ser felices por nosotros mismos». Es decir, a sentirnos realmente a gusto sin necesidad de ninguna persona, estímulo, cosa o circunstancia externa, más que nada porque de qué nos sirve llevar una vida de éxito y de abundancia material si nos sentimos vacíos e insatisfechos por dentro.
En general, solemos confundir la felicidad con el placer y la satisfacción que nos proporciona el consumo de bienes materiales y también con la euforia de conseguir lo que deseamos, sin embargo, la verdadera felicidad no está relacionada con lo que hacemos ni con lo que poseemos aunque podría definirse como la ausencia de lucha y sufrimiento, por eso se dice que somos felices cuando nos aceptamos tal como somos y desde un punto de vista emocional sentimos que no nos falta de nada y es que la felicidad no tiene ninguna causa externa, igual que no tenemos que hacer nada para ser felices. Tanto la vida como la felicidad vienen de serie, son propiedades naturales a nuestra condición, así, nuestro esfuerzo consciente debe centrarse en eliminar todas las obstrucciones que nublan y distorsionan nuestra manera de pensar y de comportarnos, como la inseguridad y la impaciencia.
Más allá de aprender a ser felices por nosotros mismos, hemos venido a este mundo a aprender, para lograrlo, hemos de trascender nuestro instinto de supervivencia que nos lleva a reaccionar mecánica e impulsivamente cada vez que la realidad no se adapta a nuestros deseos, necesidades y expectativas, eso sí, para poder vivir conscientemente. Es decir, dándonos cuenta en todo momento y frente a cualquier situación de que no son las situaciones, sino nuestros pensamientos, los que determinan nuestro estado emocional, el reto consiste en aprender a aceptar a los demás tal como son y a fluir con las cosas tal como vienen. 
En la medida que aprendemos a ser felices por nosotros mismos dejando de sufrir aprendemos a «amarnos a nosotros mismos y a los demás». Y al hablar de amor no nos referimos al sentimiento, sino al comportamiento. De ahí que amar sea sinónimo de comprender, empatizar, aceptar, respetar, agradecer, valorar, perdonar, escuchar, atender, ofrecer, servir y, en definitiva, de aprovechar cada circunstancia de la vida para dar lo mejor de nosotros mismos.
Llegados a este punto, cabe preguntarse: ¿somos verdaderamente felices? ¿O más bien solemos sufrir? ¿Sentimos una paz invulnerable? ¿O más bien solemos reaccionar? ¿Nos amamos a nosotros mismos y, en consecuencia, a los demás? ¿O más bien seguimos luchando y creando conflictos? ¿Estamos dando lo mejor de nosotros mismos? ¿O más bien seguimos limitando nuestra capacidad de amar y de servir, esperando que sean los demás quienes se adapten a nuestros deseos y expectativas? Sean cuales sean las respuestas, cabe recordar que el aprendizaje es el camino y la meta de nuestra existencia. Así, el hecho de que estemos vivos implica que, seguramente, todavía tenemos mucho por aprender.

2 comentarios:

  1. De ahí que amar sea sinónimo de comprender, empatizar, aceptar, respetar, agradecer, valorar, perdonar, escuchar, atender, ofrecer, servir y, en definitiva, de aprovechar cada circunstancia de la vida para dar lo mejor de nosotros mismos.... felicidades es hermoso el. mensaje serían muchas las cosas que subrrayaria... sigue adelante

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