domingo, 26 de marzo de 2023

LA GRATITUD

LA GRATITUD

A veces la palabra GRACIAS la pronunciamos acompañada de una sonrisa, otras a regañadientes, pero en la mayoría de ocasiones surge de forma automática, como una mera fórmula de cortesía. De ahí que muchos de los gracias que decimos estén alejados de aquello que debería inspirarlos a la gratitud. Ésta emoción es capaz de cambiar nuestra actitud, nuestro estado de ánimo, nuestra manera de interpretar nuestras circunstancias y la realidad que nos rodea. Además, también tiene la capacidad de cambiar las respuestas, las reacciones y en última instancia, de transformar nuestras relaciones. Lo cierto es que su simple mención abre puertas y corazones, entre otras muchas bondades como las relaciones con todas las personas de nuestro entorno, pero más allá del agradecimiento es también una actitud ante la vida. Tal vez sea el momento de plantearnos ¿qué nos aporta la gratitud? ¿De qué manera influye en nuestras relaciones? Y ¿cuáles son los efectos de ser agradecido?

Cuando nos sentimos agradecidos conectamos con la abundancia en todas sus dimensiones, no en vano, somos capaces de valorar y apreciar todas aquellas cosas que damos por sentadas cada día, cosas tan simples como que al pulsar un interruptor se encienda la luz, o que al encender el grifo en la ducha fluya el agua caliente. Un sencillo gesto de cariño, una sonrisa inesperada o un instante de armonía. Lamentablemente, a menudo tendemos a olvidar aquellas cosas a las que estamos acostumbrados y que consideramos aseguradas. La gran mayoría de personas solemos centrarnos en todo aquello que nos falta, o en lo que gustaría tener. Vivimos instalados en el deseo y en la expectativa. Y la dirección de nuestro foco de atención marca nuestras conductas, nuestras actitudes, nuestras metas y en última instancia, nuestra manera de experimentar y de interpretar nuestras circunstancias. En este escenario, el agradecimiento aparece como un antídoto que nos hace posicionarnos en un lugar mucho más sano y constructivo a la hora de enfrentarnos a los obstáculos que nos pone la vida. Aunque desde pequeños aprendemos a dar las gracias, pocas veces prestamos atención al verdadero significado de esta palabra, pero ¿En qué consiste ser agradecido? Supone reconocer la actitud, conducta o acción de alguien que influye positivamente en nuestra vida. Dar las gracias es la respuesta más común, espontánea e inmediata cuando aflora esta situación, pero más allá existen miles de maneras de mostrar nuestro agradecimiento. A menudo, la palabra gracias se queda corta, está tan desgastada por el uso que ha perdido significado y contenido. De ahí la importancia de convertirla en acción, de este modo, demostramos a la otra persona que apreciamos verdaderamente lo que ha dicho, hecho o compartido. Para hacer tangible nuestra gratitud, los pequeños detalles son un vinculo más poderoso que las palabras, en este escenario, la creatividad toma las riendas, porque se trata de ponerse en la piel del otro ejercitando nuestra empatía y encontrar un gesto que nos permita mostrarle que le valoramos y nos sentimos afortunados de que forme parte de nuestra vida y aunque lo hagamos por él, también repercute en nosotros. La gratitud nos enseña la satisfacción que existe en ser cómplices de la felicidad ajena, el gozo de dar, aportar y compartir y por otra parte, equilibra nuestra tendencia a centrarnos en recibir o en lograr todo aquello que deseamos. 

La auténtica gratitud nace del aprendizaje derivado de todo lo que hemos vivido, para desarrollarla, tenemos que ser capaces de modificar nuestra manera de pensar, dejando de interpretar todo lo que nos sucede como problemas para comenzar a ver las oportunidades de aprendizaje que hay detrás de cada situación complicada, así podremos romper el círculo vicioso que nos lleva a acordarnos cada vez que algo que consideramos malo ocurre y olvidarnos de muchas de las veces que nos sucede algo positivo o beneficioso. Al fin y al cabo, todos los tropiezos, errores y meteduras de pata encierran lecciones valiosas, nos moldean y esculpen hasta definir la persona que somos.

Llegados a este punto, vale la pena explorar lo que sucede cuando somos el objeto del agradecimiento ajeno. Cuando alguien nos da las gracias, despierta una sensación agradable en nuestro interior y merece la pena disfrutarla, pero tenemos que ser cautos para no caer presos de la certeza de que nos deben esa gratitud. De vez en cuando resulta útil cuestionar nuestras motivaciones para verificar si están alineadas con nuestros valores. Si nuestro gesto es auténticamente desinteresado, no nos perturbaremos pensando: ¿Cómo puede ser que no me den las gracias? Más bien recibiremos lo que venga o lo que no venga con la convicción de que hemos sido coherentes con nosotros mismos. Practicar la gratitud es una tarea que requiere de tanta constancia como determinación, pasa por honrar todos los pequeños gestos y detalles que vivimos en nuestro día a día con ilusión, por hacernos más conscientes del significado de esa palabra mágica, dejando de utilizarla como una mera fórmula de cortesía y sobretodo, por poner en práctica el agradecimiento como actitud. Aprovecho estas últimas líneas para agradecerles sinceramente su tiempo y complicidad. Si no me brindaran su atención, no tendría la posibilidad de hacer algo que me apasiona: escribir. ¡Gracias!

2 comentarios:

  1. Gracias a ti,por tanto aporte humano, ojalá fuésemos más agradecidos y menos orgullos.

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  2. Aunque es una fórmula incluso de cortesía tenemos que aprender a decir gracias para decirlo de corazón

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