NUNCA ES TARDE PARA ELEGIR TU CAMINO
Elegir un camino significa iniciar un camino auténtico desde
el que avanzar hacia lo que pensamos y sentimos, con aquello que proyectamos a
través de nuestras conductas, actitudes y acciones, tomar la decisión de
construir un proyecto de vida propio, que nos llene de entusiasmo, que nos haga
vibrar y comprometernos con ese proyecto elegido con arreglo a lo que
sinceramente pensamos y sentimos que deseamos para nuestra vida al margen de
las expectativas que otros hayan depositado en nosotros, por tanto, un camino
elegido a lo que anhelamos para nuestra existencia desde lo más hondo de
nuestro ser y no en función de lo que otros esperan de nosotros.
Es tomar las riendas de la propia vida y asumir la
responsabilidad que conlleva nuestra libertad para decidir nuestro camino, sin
embargo, elegir nuestro propio camino conlleva un amplio proceso de
autoconocimiento. Si no sabemos quiénes somos, cuáles son nuestros gustos y nuestras
fortalezas o debilidades, las creencias que sustentan nuestras respuestas
frente a la vida, los valores que nos distinguen, aquello que verdaderamente
nos hace sentir vivos, no nos será posible hallar el propio camino, el verdadero
sentido de nuestra vida.
Cuando deseamos iniciar nuestro propio camino, realizar
nuestro propio proyecto personal o profesional, podemos encontrar dificultades
que provienen de tener que enfrentarnos a nuestros miedos y a la reacción
adversa de nuestro entorno. En este contexto tratamos de convencernos o tratan
de hacernos creer que la mejor opción es escoger los caminos fáciles, seguros,
los que han sido tantas y tantas veces transitados por otros, pero no se trata
de obtener facilidad, seguridad o certeza, sino de decantarnos por el camino,
el camino que nos lleve éste adonde nos lleve, no importará el sinfín de
dificultades que debamos enfrentar, si creemos en el camino que recorremos
estaremos dispuestos a esforzarnos, a perseverar, a dar lo mejor de nosotros
mismos con sabiduría.
Cuando eliges tu propio camino estás más motivado, das lo
mejor que tienes para ofrecer y ello se despliega y se proyecta en el mundo
transmitiendo a los demás a buscar y encontrar su propio camino.
Tal vez nos resulte más cómodo vivir en función de lo que
los demás esperan de nosotros, amoldándonos a los proyectos de vida que otras
personas han diseñado para nosotros. de este modo, cediendo nuestra responsabilidad,
los responsables de nuestra insatisfacción, infelicidad y sensación de estar
incompletos son otros y, por tanto, podemos vivir como víctimas de nuestras
circunstancias sin hacernos cargo del poder que todos poseemos para decidir y
construir un camino propio. El precio de delegar es muy grande, supone entregar
nuestra vida, es renunciar a nuestra fuerza creadora, a nuestra potencia. Por
el contrario, cuando creemos profundamente en lo que hacemos experimentamos una
satisfacción difícil de describir, nos centramos en lo que vivimos, fortaleciéndose
nuestra autoestima y nuestra confianza.
Desde niños se nos ha programado, a través de nuestra educación, para dar una
serie de respuestas frente a la vida que repetimos de manera automática. Así,
pensamos, sentimos y actuamos marcados por creencias adquiridas desde niños
acerca de lo que somos. Nuestra educación, nuestro entorno, nuestros medios de
comunicación, nuestras propias interpretaciones de las cosas que nos han ido
sucediendo en la vida, van moldeando nuestra manera de ver el mundo y de
filtrar toda la información que de él procede. En esta dinámica sentimos que
algo no encaja, esa vocecita interior que constantemente nos advierte de que
algo no funciona, es un malestar, un runrún interior, una insatisfacción
permanente que nos indica que algo debe cambiar.
Es muy común encontrar a personas que en el ecuador de su
vida o incluso al final de la misma se dan cuenta de que no han vivido su
propia vida. Su existencia ha sido una constante evasión, pero en realidad deseamos
hallar el verdadero sentido de nuestras vidas, queremos sentirnos dichosos. De
la gestión de ese momento depende un despertar o un renacer a la vida o, por el
contrario, un hundimiento en una vida carente de orientación y sentido.
Elegir un camino no es la garantía de que no habrá dificultades o contratiempos,
habrá ocasiones en que el azar nos favorecerá o nos pondrá las cosas cuesta
arriba, habrá aciertos y errores, habrá momentos de duda e incertidumbre, pero
estaremos mejor dispuestos para enfrentarlos y resolverlos porque nos sabremos
dueños de un poder para cambiar, transformar y orientar la propia existencia. Podría
parecernos a veces que nuestras obligaciones laborales, familiares o de
cualquier otro tipo son muros insalvables, sin embargo, siempre está a nuestro
alcance comenzar a tomar decisiones sencillas, dar pequeños pasos que
manifiesten nuestra voluntad de cambio. Cuando comenzamos a tomar decisiones,
por pequeñas que nos parezcan, empieza a movilizarse una energía que hace que
ocurran cosas extraordinarias que nos abren a nuevas posibilidades.
Por lo común, parte del problema es que vivimos desconectados de aquello que realmente deseamos desde lo más profundo de nosotros mismos encontrar el verdadero propósito de nuestras vidas, confiar en nuestro potencial, tener fe en lo que somos y en lo que podemos llegar a ser pero no menos importante es aprender a confiar en la vida y en las personas que nos rodean que nos ayudan en el camino de encontrarnos a nosotros mismos y de construir un camino auténtico y con sentido. @Jasv_71

Muy bueno me gusta mucho. Un camino de libertad escogido con libertad, un camino de realización personal, un camino de felicidad aunque a veces sea duro. Gracias por tus bonitas y profundas reflexiones.
ResponderEliminarDa gusto leer reflexiones basadas en la libertad, cuando somos libres para elegir el camino da gusto
ResponderEliminarEspero seguir leyendo cosa tan buenas
Gracias
Me a gustado muchismo,gracias
ResponderEliminar